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martes, 12 de marzo de 2013

Explicar lo inexplicable



-Mamá, ¿existen chicas exploradoras?
 Con esta pregunta me sorprendió mi hija de 9 años hace unos días, sin entender muy bien a santo de qué le asaltaba esa duda.
-Pues no sé, cariño; ahora mismo no caigo, alguna debe haber. ¿Por qué lo dices?
-Es que no hay chicas así, famosas, como Cristóbal Colón, a las que le hagan una estatua.- me comentó.
-Claro, es que antes, en la época del Descubrimiento las mujeres no podían estudiar. Sólo se les dejaba cuidar de los niños y estar en casa.- le explico.
-Pues vaya rollo. Yo no quiero eso mamá. Yo quiero ser exploradora -. Ahí me quedo yo, una vez más, fascinada por sus reflexiones  y por lo claro que lo tiene todo.
Me saca de mi ensimismamiento con otra pregunta, así, sin avisar, a bocajarro:
-Y cuando Picasso... ¿pasaba eso también?
-Eso ¿el qué?
-Pues que  las chicas solo podían estar en la casa cuidando a los niños- insiste, volviéndome a dejar boquiabierta.  -Porque no hay pintoras famosas. Sólo son chicos, los que están en los museos.
 - ¡Mirá!  - le digo con entusiasmo -Me he acordado de una: Frida Kahlo . Vale, no es tan famosa como Picasso, pero un poquito sí. Y era una chica.
A todo esto, mi peque de cuatro años nos miraba sin entender muy bien de lo que iba la conversación. O eso pensaba yo. Porque después de mirar un rato la tele   -teníamos puesto el Manchester-Real  Madrid- se queda pensativa, frunciendo el ceño  y me sorprende más aún que su hermana, que ya es difícil.
 -Pues a mí no me gusta el fútbol, porque no juegan las chicas.
-Sí que juegan mi amor – le digo yo - pero es que no salen en la tele. Por la expresión de su cara vi que no la convencí demasiado, y que, a pesar de su corta edad algo no le  cuadraba.
Esto fue hace una semana. Ayer, mi hija mayor me preguntó muy extrañada si era verdad lo que le contó su abuela este fin de semana:
-Mamá, me ha dicho la “Lala” que cuando ella era pequeña iba al cole separada de los chicos. ¿Eso pasaba antes?
Me hubiera gustado poder decirle que eso sólo pasaba hace cuarenta y cinco años, que ahora ya no existen los coles donde niños y niñas van a clases distintas. De verdad que me hubiera gustado. Pero no pude. Entre otras cosas porque muy cerca de nuestra casa tenemos un colegio así, al que algunos de sus compañeros se han cambiado en los dos últimos cursos.   Incomprensible.

viernes, 22 de febrero de 2013

Lecciones



El Jardín, Joan Miró

 “Me pregunto qué se siente al ser adulto”. Una de tantas frases con las que mi hija de 9 años me deleita día a día. Y ahí voy yo, corriendo, cual gallo inflado de orgullo a ponerlo en mi muro de Facebook  para compartir  ese momento.
Acto seguido, mi niña me reprende –una vez más- por estar trasteando con el iPad a la hora de la cena. No le gusta nada y me lo hace saber, porque claro, si estoy  metida en cualquier red social, waseando o navegando por  la red en ese momento,  no le hago mucho caso ni a ella ni a su hermana en uno de los pocos ratos que tenemos para estar juntas.
“La vida sería mucho mejor sin tecnología” me dice poniendo los ojos en blanco y suspirando.  Es ahí cuando empiezo a menguar y a ruborizarme ante la lección de saber estar que me da mi propia hija, 26 años menor que yo. Para justificarme –aunque no tengo excusa – le cuento lo que estoy haciendo, esperando que le haga ilusión y que así se le pase un poco la decepción que tiene conmigo por no estar prestándole mucha atención. “¿Pues sabes lo que hago con el iPad cariño? Estoy poniendo en Facebook la frase que me acabas de decir”.
No reacciona como yo espero: contenta, ni dicendo “Qué guay Máma, has hablado sobre mí en Facebook”. No, ni mucho menos. A cambio, me vuelve a echar la bronca: “¡Mamaaaa!!! ¡¡¡Jolín, que yo tengo mi intimidad!!. Intento explicarle que no pasa nada, que sólo he puesto lo que  ha dicho porque estoy muy orgullosa de ella y de muchas de las cosas que dice. “Son  comentarios muy inteligentes para tu edad Sara, por eso los comparto” le digo. “Ya Mama, pero es MI intimidad”, vuelve a insistir. Así que bajo la cabeza y me rindo porque tiene toda la razón del mundo.  Mi niña me ha dado una lección. Y eso me hace sentirme aún más orgullosa. Así que a partir de ahora, cada vez que vaya a poner algo sobre ella en Facebook le pediré permiso. Se lo ha ganado con creces, por recordarme que hay que respetar y proteger la intimidad de los demás. Sobre todo la de los niños. Sobre todo la de nuestros hijos.  

miércoles, 9 de enero de 2013

I have a dream


Petrificada y escandalizada. Así me he quedado esta tarde cuando mi hija me ha hablado del comportamiento  de uno de sus compañeros de clase, de 8 años.  Al parecer este niño y una niña de clase se han hecho “ novios”.   A mi hija – que es muy amiga de esta niña- no le ha hecho mucha gracia, y cuando intento indagar porqué, resulta que el niño va diciendo en el recreo que a partir de ahora él manda sobre su “novia” y que la niña sólo va a poder hablar y jugar con quien él diga. Resulta que mi hija está preocupadísima por la posibilidad de que su amiga ya no vaya a jugar con ella, en el caso de que este niño considere que le debe prohibir su amistad.
Yo no he podido esconder mi alarma ni mi indignación y he intentado transmitirle la gravedad del asunto a mi niña, que con su mente inocente de 8 años, parece no percibir. Lo que le entristece es perder a su amiga porque el otro lo diga.
Hace ya dos años, con 6, me dijo un día que de mayor no quería tener novio ni marido
-¿Por qué Cariño?-
-Porque no quiero que me hagan daño ni que me maten como a todas esas señoras que salen en la tele- . Desde entonces intento que no vea las noticias.
¿Qué estamos haciendo mal? No avanzamos. Nada. Sí quizás en la protección a las mujeres que sufren algún tipo de maltrato, o en la toma de conciencia general de la Sociedad.  Pero no en la prevención de comportamientos en los niños que luego pueden llegar a convertirse en el germen de esa violencia de género. No es raro escuchar a adolescentes decir que no se ponen tal o cual falda porque a su novio no le gusta que vaya así. Es igualmente grave que las niñas y las chicas no parezcan darse cuenta de que  una actitud así por parte de un “novio” no se puede tolerar.
Quizás, ya en primaria, se debería dar charlas sobre la violencia de género.  Si conseguimos concienciar a los niños desde muy pequeños  tendremos una batalla muy importante ganada en la lucha contra el maltrato a la mujer. Con un poco de suerte y mucho trabajo por parte de todos conseguiremos que nuestras hijas no tengan que escuchar de las suyas historias como la que yo he tenido que escuchar hoy. ¿Es una utopía una sociedad en la que NINGUNA mujer sufra maltrato o desprecio por parte de un hombre solo por el hecho de ser mujer? Mi padre siempre me ha dicho que tenemos el deber de ser utópicos. Sólo así los sueños dejarán de serlo para convertirse en realidades.