martes, 11 de febrero de 2014

La noticia



-Buenos días, ¿Aleida?
-Sí, soy yo
-Le llamamos del Hospital de Móstoles. El próximo viernes tienes que estar en admisión a las 8 de la mañana. Le ingresan para hacerle la biopsia. Antes tiene que pasar por analítica.
Ha ido más rápido de lo que pensaba. El urólogo me había comentado que tardaría unos 15 días, pero el Dr. Beltrán, mi internista, está encima de ellos para que aceleren. Al final la espera se ha quedado en 7 días. Me gusta el Dr. Beltrán. Es especial, de esos que con su actitud y dedicación engrandecen  la medicina. Se ha saltado el protocolo varias veces para agilizar el diagnóstico y me llama por teléfono para informarme y asegurarse de que tengo bien apuntadas las citas. Me ha dado hasta su móvil por si tengo alguna duda. “Tú tranquila, que cuando yo no quiero que me molesten lo apago”.  Su mirada limpia, su voz serena y la forma tan cálida de ponerme la mano en el hombro son como un bálsamo en medio de esta tormenta.
 El primer urólogo que visité unos días atrás es en cambio, de esos que deshumanizan su profesión. Nada más entrar en la consulta para que me diera los resultados del TAC  va y me suelta, así, de sopetón: “pues siento ser tan directo, pero alguien te lo tiene que decir. El tumor del riñón tiene 4 cm, y hay metástasis en el hígado. Además tienes el tórax lleno de ganglios que parecen que vienen de ahí. Esto tiene mala pinta”. Sí señor: directo fue. “Usted tranquilo Doctor, si es así, pues a ver, me lo tendrá que decir”, le digo mientras me mira con cara de pez, probablemente porque esperaba otra reacción.
 Cuando salgo de la consulta sólo puedo pensar en cómo te lo voy a decir. De repente ya no me siento tan fuerte y me empiezan a temblar las piernas Tengo 36 años y un cáncer que se está extendiendo. Mi cara debe ser un espejo porque nada más verme veo el pánico en tus ojos.
-¿Que pasa mi amor?-  Me susurras mientras me envuelves, pero no puedo contestarte. No hace falta. Ya lo sabes, me has mirado y ya lo sabes.

Comienza el Partido



Os voy a contar una historia. La historia de una mujer de 36 años que se está escribiendo en este momento. Dos hijas, compañero, amigos y familia. Hasta el momento una vida llena de conflictos interiores  a pesar de tenerlo todo de cara.
 Tras una temporada muy turbulenta con una separación temporal que casi acaba con ella, todo empieza a solucionarse lentamente. Se siente en paz por primera vez. En paz consigo misma, con quien es y con la vida que tiene. La disfruta y se disfruta a ella misma. Después de haberlo perdido todo durante unos meses y de estar completamente perdida consigue recuperarlo poco a poco, y por fin empieza a atar cabos, a disfrutar el presente. Ya no tiene miedo.
Un día va al médico porque tiene unos dolores que no la dejan tranquila. Tras un par de meses en las que le hacen todo tipo de pruebas llega el diagnóstico: tumor cancerígeno de 4 cm en el riñón con metástasis en hígado y tórax. Nunca se ha sentido más serena que en ese momento.
Me llamo Aleida y  ésta es mi historia, la de la batalla que he comenzado a librar por mi vida.  No conozco el final, pero sí que acabe como acabe pienso ganar. Y por goleada.
    




miércoles, 5 de febrero de 2014

Con C Mayúscula

Hace ya algunos meses empecé a escribir sobre la tormenta que había provocado el Cáncer al entrar en mi vida de golpe. Sin intención de publicar nada, por aquello de que me gusta compartir más lo bueno que lo malo. Ponerlo en el blog suponía exponerme demasiado y quizás por timidez o por pudor, o quién sabe si por las dos razones, cree un alter ego y fui colgando lo que escribía en una web de relatos.
 Que salieran ahí y no en Mujer Imantada  era quizás un acto de cobardía, una forma de protegerme: lo contaba, pero en voz muy baja, de forma anónima que es más fácil. Tuve muchas dudas al respecto. No por si a los demás les parecía bien o no; eso, sinceramente, nunca ha sido una razón de peso para tomar o no una decisión en mi vida. Lo que no tenía tan claro era cómo me iba sentir yo al  “desnudar” mi mente y mis sentimientos  delante de todos. Así que probé: fui compartiendo algunos relatos de los que subía a la web en el face.
Para mi sorpresa, me he dado cuenta de que el hecho de que personas con las que no tengo contacto desde hace más de diez años más allá del ciberespacio me hayan mostrado su apoyo, lejos de agobiarme, me está haciendo sentir muy bien. Y lo que es más raro aún, las palabras de aliento que me han dejado algunos desconocidos me han arropado como nunca imaginé que lo harían.
El caso es que como no acababa de dar el paso, un día de estos en los que la duda no me dejaba tranquila, el cosmos va y se pone pesadito y  decide darme un último empujón: pongo la  SER y resulta que en La Ventana un periodista al que le han diagnosticado un tumor en el cerebro está contando que ha abierto un blog para narrar cómo se está enfrentando al Cáncer. Decía que escribía para averiguar lo que  siente.  
Así que nada: iré subiendo -con la etiqueta Con C mayúscula- mis anécdotas, sentimientos, reflexiones y todo lo que me acompañe en este viaje para el que la vida me ha dado billete en clase preferente. Sí, vale, es un acto egoísta por aquello de que la escritura siempre ha sido un ejercicio terapéutico. Pero también he pensado que igual puedo ayudar, aunque solo sea un poquito, a que os deis cuenta de lo alucinante que es la vida, y de lo triste que es, no el hecho de morirse, sino no saber vivirla. Esto último no lo digo yo,  lo dice Mario Alonso Puig en su libro “Vivir es un Asunto Urgente”. Perdonadme, pero es que me venía al dedillo para terminar.




martes, 28 de enero de 2014

A la Marea Blanca

Hace cuatro meses me diagnosticaron un cáncer en el Hospital Universitario de Móstoles. Desde entonces no he podido más que constatar semana tras semana la grandeza y la profesionalidad de todos los médicos y enfermeras  que me estoy encontrando por el camino. La primera fue mi médico de cabecera que no dudó en mandarme todas las pruebas necesarias para ver qué me estaba pasando cuando se dio cuenta que mis dolores iban más allá de un cólico al riñón.  Luego tuve la inmensa suerte de toparme con un médico internista que estuvo todo el rato pendiente de que las pruebas diagnósticas se realizaran en un tiempo prudencial y de que no me saltara ninguna. Incluso me dio su móvil personal para que le contactara si tenía alguna duda y me dio acceso a su despacho sin cita previa para hablar con él cada vez que lo necesitara. También me acompañó personalmente en mi deambular hospitalario para hacerme varias pruebas y visitar a los especialistas. Eso por no hablar del tacto, la serenidad y los gestos de apoyo que me mostró cuando tuvo la certeza del diagnóstico. Cuando ya no podía hacer más, se ocupó personalmente de que mi caso lo llevara el que él consideraba el mejor oncólogo del Hospital. Yo no quise tratarme por las pocas opciones que me daban; pero mi oncólogo no se rindió. Aun respetando mi decisión, siguió citándome cada  quince días para ver mi evolución, hasta que vio con alivio cómo cambié de idea y decidí empezar con la  quimioterapia. En mi primera sesión en el Hospital de Día de Oncología me derrumbé, y la enfermera jefa no lo dudó: se acercó a mí y me apretó la mano fuerte mientras me acariciaba la cara con ternura : “No pasa nada  bonita, no pasa nada por venirte abajo, llora todo lo que te haga falta; eso sí,eso es para luego levantarte con más fuerza, que eres muy joven y tienes que luchar”.

Éstos son sólo algunos ejemplos; podría daros muchos más, pero tampoco es plan de aburriros. El caso es que cada vez que voy no dejo de maravillarme con la calidad humana de todos los que trabajan en oncología, con los gestos y palabras de apoyo que dedican a los pacientes que están recibiendo quimio, muchos de ellos con más miedo en sus ojos que esperanza.  

Son éstos profesionales los que llevan meses saliendo a la calle y luchando en los tribunales para evitar que esta Sanidad Pública desparezca, librando  una batalla por ellos y por sus derechos sí, pero sobre todo por todos nosotros. Con la marcha atrás del plan de privatización puesto en marcha por la Comunidad   han conseguido una victoria enorme para Madrid  y por extensión para toda España. Nos han demostrado que aquella cita tantas veces repetida, es ahora más cierta que nunca: “si luchas puedes perder,si no lo haces estás perdido”. A todos ellos sólo les puedo decir una cosa: Gracias. Por todo. 

viernes, 12 de julio de 2013

Compañeros de playa



     
Aburrirse en la playa es tarea difícil. Hablo de las pocas veces que consigues ir -una vez has sido madre-sin tu progenie. Incluso cuando renuncias a cualquier actividad más allá del baño — léase  wasear, pasear o  disfrutar de un buen libro— y te rindes al inmenso placer de no hacer nada.
      Basta con prestar un poco de atención a  nuestros vecinos de toalla para pasar un  rato, cuando menos surrealista.  Aquí  os dejo  algunas de las estampas  y charlas con las que me han recreado en mis días de escapada playera:

-La  pandilla de chavales. No falla. Media de edad: 25 años.  El cabecilla del grupo me deleita con su visión sobre las mujeres mientras se zampa una bolsa de cortezas: “A mí tío... es que me da igual ¿Qué más da que sean rubias o morenas? Si una tía está buena, pues está buena. Gustarme me gustan todas, mientras esté buena da lo mismo. Una vez me gustó hasta una gorda, porque gorda estaba, pero, también estaba buena”. Si esto además, lo escuchas con acento gallego, tienes que hacer un gran esfuerzo para que la risa no se te escape. Y que no se me enfade ningún gallego que lo digo con todo el cariño.

-Las tres chicas monísimas que acaban de entrar en la treintena. Probablemente madrileñas.  Look inconfundible  de somospijasperosuperalternativas. La del sombrero tipo cowboy y gafas Ray ban de poli malo les cuenta  a  las demás lo alucinada que está con el blog en plan personal shopper para bebés que ha abierto su compañera de pilates: “Tía, es que no te lo imaginas de verdad: unos politos de Ralph Lauren que vende…. y las bermuditas de Tommy, bueno, bueno, yo cuando las ví me quería morir: he pillado unas para mi sobri. ¡Increible cómo se lo ha montado la chica!”

-El grupo de amigos catalanes. Ninguno tiene más de 20. Como madrileña alucino con la facilidad y naturalidad con que cambian de lengua como si nada. Y así se pueden tirar horas. Sin que ninguno se moleste, oye. A ver si es que  esto del “conflicto lingüístico” en España es una invención para ganar votos del Ebro para arriba o del Ebro para abajo.  Entre catalán y castellano, uno de ellos suelta su preocupación por coger un poco de color : “yo lo que quiero es que se me quite la marca de la camiseta, porque tengo los brazos morenos pero a trozos”. “Claro tío” le suelta el colega, “es que te tienes que poner camisetas sin mangas para que no se te note el corte”.

- Los primerizos que llegan con toda la ilusión a  pasar  el día con su bebé. La criatura no tendrá más de 5 meses. Claro, para que el niño disfrute la playa. La madre no da tregua: “No le metas en el agua que está muy fría”. “Échale crema”. “Se ha hecho caca.” “Cuidado que se está metiendo arena en la boca”.  “Tiene sueño, pero con el calor no se puede dormir, pobrecito mío”.  El padre, muy intrépido él, decide por fin hablar: “Claro, si no le quieres bañar, pues normal”. Al final mal rollo y tensión entre cónyuges.  No hay nada como ser padres para unir a una pareja. 

- El voyeur. Apenas se levanta de la tumbona. Chica guapa en topless que se le pone a tiro, chica a la que le hace foto.Eso sí, muy discretamente, escondiendo el móvil con una toalla. A juzgar por sus gestos, se lo está pasando teta mandándolas por wasap a alguien, lo más probable a algún chat. 

- Y mis favoritos: los reyes, los amos de la arena: Barbie Silicona y Ken Tableta. 

Posiblemente gogós de alguna de las discotecas de la zona. Tanga amarillo flúor el de ella, él con uno negro más discreto. Tatoos y piercings estratégicamente repartidos. Varias sesiones de rayos UVA  para llegar negros el primer día que tienen ocasión de pisar la arena. Casi no  hablan entre ellos. Se embadurnan el uno al otro con aceite, entran en el agua, salen, se quedan en la orilla. A Barbie le entran unas ganas incontrolables de hacer pis y Ken la intenta convencer de que se meta en el agua. “!Ay! es que me da mucho asco”. Ken le pone cara. No deben llevar juntos mucho tiempo. Ante la imposibilidad de esconderse en ninguna duna y lo sucio que está el baño del chiringuito más cercano, Barbie se rinde y orina en el mar.  “¿A que no ha sido para tanto?”.  Ken se gana una  mirada fulminante.
Así que ya sabéis, estad  atentos a lo que se cuece en la arena porque no tiene desperdicio. Es todo un espectáculo. Si os aburrís es porque no abrís bien los ojos ni los oídos. Un consejo: cuidado con los mirones, no os vayan a hacer una foto y acabéis de fondo de algún chat. Pero sobretodo, mucho cuidado con las cotillas que están pendientes de todo para luego contarlo en su blog. Esas son las peores. 


 Nota de la autora: Todos los personajes retratados en este post son reales. Cualquier parecido con la ficción es pura coincidencia.


miércoles, 8 de mayo de 2013

Indecente Retroceso


Las declaraciones del Ministro del Interior insinuando que la  mujer que aborta y un terrorista de ETA “tienen algo que ver pero no demasiado” son de una indecencia  repugnante. Lo menos que podría hacer es dimitir e irse a vivir a un monasterio de clausura. Por cierto, resulta que a este “señor” sus colaboradores le planifican la agenda para que no falte ni un solo día a misa. Claro que eso no tiene nada que ver con que compare a una mujer que aborte con un terrorista que va por ahí pegando tiros en la nuca.


Pero no hay mal que por bien no venga. Jorge Fernández Díaz  y su repugnante indecencia han conseguido que se hable del tema. A lo mejor así reaccionamos de una vez. Porque la verdad es que nos cuesta reaccionar. Y mucho.
 La contrarreforma sobre la ley del aborto que está planificando el gobierno está pasando –al menos hasta ahora –poco menos que desapercibida dada la situación que vive el país. Quizás por ello  han elegido este momento no sólo para intentar volver a la ley de 1985, sino para hacerla más restrictiva. Que políticos ultracatólicos y con una formación opusina quieran recuperar la ley de supuestos no es algo que sorprenda. Al fin y al cabo forman parte de un partido democristiano y ya se opusieron a la aprobación de la ley de plazos en 2010. 
Lo que no se sostiene por ningún lado es que el ministro de justicia quiera hacer una ley más restrictiva que la de hace tres décadas. Algo a lo que no se atrevió ni José María Aznar en los ocho años que estuvo en el poder. Querer eliminar el  supuesto de anomalía fetal es una aberración impropia de un gobierno democrático que debería tener a nuestra sociedad en pie de guerra. Al año se realizan actualmente 3000 abortos por anomalías fetales, muchas de ellas graves o incompatibles con la vida. Pretender obligar a una mujer a ser madre en esas condiciones es intolerable y propio de una sociedad integrista .
Las intenciones de Gallardón no se quedan solo ahí. El supuesto de riesgo para la salud de la madre se quiere mantener pero con más restricciones que antes. Con la ley actual un médico tiene que acreditar ese riesgo para la salud de la mujer, una vez pasado el plazo de aborto libre. El ministro quiere evitar que los facultativos que acrediten el riesgo para la salud de la madre  estén vinculados a la clínica donde se vaya a realizar el aborto. Algo que parece muy difícil de conseguir dado que  el 97 % de los abortos se practican en clínicas privadas. Si la ley prima la salud del feto a la de la madre podremos ver situaciones en España como la de la chica de 22 años que está luchando por su vida en  El Salvador porque no la dejan abortar. 
Hace unos días contaban en la radio que 70.000 mujeres mueren al año por abortos clandestinos. Si Gallardón logra seguir adelante con sus planes España va a contribuir a que esa cifra aumente. No quiero vivir en un país en el que una sola mujer tenga que añadir al drama de pasar por un aborto el miedo y la inseguridad de estar haciendo algo ilegal. No quiero una sociedad en la que sólo las que tienen dinero puedan abortar con garantías para su salud porque puedan pagarse el viaje para interrumpir su embarazo. 


Ya le tocó a la generación anterior. Miles de mujeres en los años setenta y ochenta tuvieron que ir a Londres o a Amsterdam. Las que pudieron permitírselo. Las que no tenían para el billete pasaron por intervenciones dolorosísimas poniendo en grave riesgo su salud.
Eso lo teníamos superado a estas alturas. No podemos volver atrás. No podemos permitirlo de ninguna manera. Con o sin crisis, esto es una cuestión vital para nuestra libertad como mujeres, para la de nuestras hijas y para la de toda nuestra sociedad. De justicia es –Sr. Gallardón –no  permitir que se recorten derechos que ha costado siglos conseguir. Si se le olvida, las mujeres haremos lo imposible por recordárselo. Incluso algunas de su propio partido. Incluso algunas (¿o muchas? ) que le han votado.